Especial pandemia

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La libertad interior
Espacio interior (2012), Kai Parlange

VER ESCENA (5:24 min.)

Esta película está basada en hechos reales. A inicios de los años 90 un arquitecto mexicano fue secuestrado y recluido en una estancia de poco más de tres metros cuadrados. Confinado en este reducido espacio durante más de 200 días, poco a poco sus esperanzas se fueron debilitando. Mientras se producen las negociaciones por su rescate y buscando estrategias para sobrevivir, su mente viaja a los instantes de felicidad de su vida anterior junto a su esposa e hijos. El 15 de septiembre, fiesta nacional de la independencia en México, los secuestradores le comunican por escrito (no se dirigían a él de palabra) que ese día tendrá el privilegio de pedir algo de beber. Lázaro (nombre ficticio y simbólico del protagonista) pide que le traigan una bebida alcohólica, preparada tal y como haría en circunstancias normales. En ese momento, esa bebida supone un gran alivio, algo que le recuerda su hogar y su vida en libertad. Pero, cuando va a probarla, siente que hay algo, alguien, que le pide que renuncie a ella y la tire por el retrete.

En tales circunstancias ese ofrecimiento es heroico, pero justo entonces recibe una luz para comprender que la verdadera libertad, la que nada ni nadie le pueden arrebatar, reside en su espacio interior, y allí decide él. Desde esta libertad redescubierta toma una decisión y este gesto, por pequeño que parezca en su ejecución, marca un antes y un después en su cautiverio. Su libertad puesta a prueba se ha encontrado con la verdad: no es un esclavo, es un hijo de Dios que ha recibido el don de la libertad y puede ser libre para siempre.

El mero hecho de elegir no basta para ser libre. Es una condición necesaria, pero no suficiente. La libertad también necesita ser liberada y eso es algo que no puede hacer por sí sola. Necesita una orientación. Lo que libera a la libertad es la verdad unida al bien. La libertad no es solo la capacidad de elegir, sino la capacidad de elegir el bien en la verdad. Y ese es el orden, de la verdad a la libertad (y no al revés). La libertad sin esta brújula puede caer en su propia trampa. La verdad nos hará libres. Hará, en futuro, porque es un proceso, un encuentro que pide un seguimiento: “Si quieres ser perfecto…”

Dice una copla popular: “Tú sabes lo que está bien/Tú sabes lo que está mal/No se ciegue tu conciencia…/El bien está donde está”. El bien, junto a la verdad y unidos en la belleza están en nuestro espacio interior. Nuestra interioridad está acompañada, hay Alguien que nos habla. Cuando Lázaro crece en este camino se ensancha su espacio interior y alcanza una libertad que no imaginaba. Por eso, más tarde, el 25 de diciembre y en recuerdo de la Verdad hecha carne es él quien se presenta ante sus secuestradores y les pone a rezar con las palabras que nos enseñó. Antes de Él todos rezaban “Oh, Dios”, “Oh, Señor”… Ahora es “Padre nuestro…”.

“Siento a aquel Dios dentro de mi corazón. Me siento en su presencia. Él me dice: haz esto, no hagas aquello. Podéis decirme que esta prescripción es solo una ley de mi naturaleza, como lo son el alegrarse o el entristecerse. No logro entenderlo. No, es el eco de una persona que me habla. Nada me convencerá que al final no provenga de una persona externa a mí. Ella lleva consigo la prueba de su origen divino. Mi naturaleza experimenta hacia eso un sentimiento como hacia una persona. Cuando le obedezco me siento satisfecho, cuando desobedezco me siento afligido, como lo que siento cuando vuelvo contento u ofendo a un amigo venerado. El eco implica una voz, la voz remite a una persona que habla. A esa persona que habla, yo la amo y la temo”. (Calixta, John Henry Newman, Ediciones Encuentro, Madrid 2010)

 
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