Especial pandemia

DefAnt TIT


El viaje no termina aquí
Vida oculta (2019), Terrence Malick
El Señor de los Anillos: El retorno del Rey (2003), Peter Jackson

J.R.R. Tolkien pensaba que cualquier historia de cierta magnitud llegaba, tarde o temprano, al tema de la muerte. Por eso, cuando una vez le preguntaron de qué iba en realidad El Señor de los Anillos respondió que se trataba de un “ensayo de estética lingüística sobre la muerte y la inmortalidad”. Tolkien, un filólogo que hablaba veinte idiomas y se inventó otros cinco, creaba con la palabra. A partir de los idiomas creó un mundo con sus razas e historia. Y en este tapiz desplegó múltiples narraciones cuyo núcleo argumental más importante es la muerte y cómo escapar de ella. Todos llevamos dentro algo que nos dice que el dolor, la enfermedad y la muerte no deberían existir, que no son algo natural por mucho que sean inevitables y nos rebelamos como Marta en el evangelio de hoy cuando su hermano Lázaro muere; y, al mismo tiempo, nuestro deseo del corazón más profundo es ser felices para siempre en compañía de quienes amamos. Tolkien desdobló esta idea que nos constituye en dos razas: por un lado, los hombres, mortales; por otro, los elfos, artistas puros, que viven para siempre (solo pueden morir en combate o de melancolía)

Como muestra de la actualidad de esta afirmación de Tolkien, sin ir más lejos, la muerte es también el tema de la saga más taquillera de la historia que culmina en Vengadores: Endgame (2019). Los superhéroes actuales -versiones modernas de la mitología clásica- se enfrentan al villano Thanos (nombre que recuerda al término griego para “muerte”) que ha provocado la desaparición de la mitad de los habitantes del universo. Todos los héroes unen sus fuerzas para derrotarle y devolverles a la vida. Y lo logran. Sin embargo, igual que la muerte que han experimentado no era definitiva, la vida a la que vuelven tampoco y, como Lázaro, volverán a morir. Todas las victorias del ser humano en su lucha contra la muerte son temporales. Las lágrimas de Jesús ante la tumba de Lázaro son misteriosas… ¿Por qué llora si sabe que lo va a resucitar? ¿Por qué se conmueve tanto si tiene poder sobre la muerte? Seguramente porque el Señor sí que sabe lo que es la muerte y porqué se ha introducido en la vida. Y lo que le va a costar sacarla.

Pensamos poco en la muerte porque no estamos hechos para ella. Y nuestra cultura tampoco ayuda al rebajar de categoría tanto a la vida como a la muerte, hasta parece ciega (pero no sin culpa) respecto a su origen y cada vez más, a sus últimos momentos. Incluso ahora, que la muerte parece más cercana y seguramente nos ha rozado en algún familiar, amigo o vecino y todos los días la vemos reflejada en frías estadísticas, puede que sigamos sin caer en la cuenta de qué es y, sobre todo, qué supone que seamos mortales. Entonces, ¿cómo escapar si al final aparece como la derrota universal final? La respuesta es que la muerte no es el final y que, en realidad, el verdadero tema es la vida, vivir para siempre, vivir plenamente. A lo mejor estos días hemos leído u oído que la pandemia que vivimos parece un signo del Apocalipsis. ¿Lo es? No lo sabemos, pero a alguna generación le tocará contemplarlo en vida. Mientras llega, nos toca ser como la virgen prudente que siempre tiene su lámpara llena de aceite o como el sirviente que vela la llegada de su señor. Porque la muerte, igual que el Apocalipsis, no es el final y su verdadero sentido reside en un retorno, una vuelta a casa. Apocalipsis significa literalmente revelación, quitar el velo. Es el Esposo que vuelve y la Esposa se quita el velo y descorre las cortinas para mirar por la ventana y ver que el cielo se abre.

Y también pensamos poco en el cielo… Los superhéroes no lo saben, pero todos sus poderes son apenas un reflejo de las propiedades del cuerpo resucitado y glorioso. En el cielo, nuestro cuerpo mortal será glorificado y gozará de sutileza porque, sin perder su unidad, estará subordinado absolutamente al alma, el cielo es el lugar donde se puede lo que se quiere; por eso mismo, tendrá una agilidad y unas propiedades que aquí no comprendemos, como caminar sobre el agua o atravesar paredes; tendrá impasibilidad, es decir, que ya no estaremos sometidos ni al dolor ni a la enfermedad; y lo más importante, la gloria, contemplaremos la Luz cara a cara sin tener que apartar la mirada, resolveremos todos los misterios, conoceremos como somos conocidos y nos amaremos unos a otros como somos amados por el Amor. Se cumplirá el Final Feliz que todos los cuentos que merecen la pena prefiguran aquí y seremos hijos en el Hijo. Amor que nos amas, cuida de nosotros y ten en tu presencia a todos los que sufren. Acompáñanos en nuestro dolor. Rescátanos, aunque sea en el último instante, como a Dimas. Y haz brillar la luz eterna para todos los que ya están en tu presencia. Mientras tanto, ojalá vivamos sostenidos por la vida que procede de la Vida y que podamos morir jóvenes… lo más tarde posible.

Vida oculta (2019) cuenta la historia del beato Franz y Fani Jägerstätter, un matrimonio católico austriaco. Franz fue encarcelado por negarse a jurar lealtad a Hitler. Finalmente, fue ejecutado. Benedicto XVI lo declaró mártir en 2007.

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“¿Por qué digo todo esto? Porque la muerte no es ningún tema. La muerte es la puerta y lo importante es lo que hay detrás: la vida eterna. Por eso es asombroso, porque a lo que nos abre esta puerta es…, ¡qué maravilla!, …a la vida eterna. Es como si alguien le dijese a un niño: “Mira. Esta es la puerta del Circo Price”. El niño se quedaría encantado. Pero si le preguntas: “¿Quieres llevarte la puerta a casa?”, responderá que no, que la puerta es lo de menos, que lo que le interesa es lo que hay detrás de la puerta”. (Pablo Domínguez Prieto, Hasta la cumbre, San Pablo, Madrid 2012)

"Frodo besó entonces a Merry y a Pippin, y por último a Sam, y subió a bordo; y fueron izadas las velas, y el viento sopló, y la nave se deslizó lentamente a lo largo del estuario gris; y la luz de la redoma de Galadriel que Frodo llevaba en alto centelleó y se apagó. Y la nave se internó en la Alta Mar rumbo al Oeste, hasta que por fin en una noche de lluvia Frodo sintió en el aire una fragancia y oyó cantos que llegaban sobre las aguas; y le pareció que, como en el sueño que había tenido en la casa de Tom Bombadil, la cortina de lluvia gris se transformaba en plata y cristal, y que el velo se abría y ante él aparecían unas playas blancas, y más allá un país lejano y verde a la luz de un rápido amanecer"(J.R.R. Tolkien, El Señor de los Anillos III, El Retorno del Rey, Libro VI, Los puertos grises)

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