Especial pandemia

DefAnt TIT


Hazte digno de este sacrificio
Salvar al soldado Ryan (1998), Steven Spielberg

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Hay diversos tipos de héroe. Según su misión hay valedores de la humanidad que fundan pueblos y dinastías (Eneas, Abrahán, Moisés); magos y adivinos (Gandalf, Obli-Wan Kenobi, Dumbledore) o vencedores de monstruos (Perseo, Hércules, Ripley, John Connor). También hay autores y testigos de hechos maravillosos como viajeros (Ulises), artistas (Miguel Ángel), pioneros (Prometeo, Ícaro y Dédalo, Neil Armstrong) y visitantes de los infiernos (Orfeo, Eneas, Dante, Oskar Schindler). Y hay otros que son campeones y guerreros que destacan por su fortaleza física (Conan, Gladiator), por su fortaleza moral (Santo Tomás Moro, beato Franz Jäggerstätter, Atticus Finch, Erin Brokovich) o por ambas (Rocky, Elliot Ness)

Por su origen nos encontramos héroes ya forjados (Indiana Jones, James Bond) y a otros que se deben forjar a través de un viaje iniciático (Frodo, Luke Skywalker, Harry Potter, Willow). Entre estos últimos, los más carismáticos suelen tener un origen humilde y, en no pocas ocasiones, están marcados por la pérdida de su padre en la infancia. Es con ellos con los que más podemos identificarnos y tratar de imitar al compartir un origen similar. En culturas de todas las épocas han existido relatos heroicos y en ellos se pueden encontrar notas comunes. El héroe inicia la aventura desde su mundo ordinario y se adentra en un mundo especial lleno de maravillas sobrenaturales; en el camino recibe instrucción y ayuda y, tras diversas pruebas, se enfrenta a enemigos poderosos a los que vence, aunque a veces casi le cueste la vida, pero milagrosamente logra reponerse; finalmente, regresa transformado y con el poder de otorgar favores a sus semejantes.

La divisa del héroe es proteger y servir porque el héroe es el que ama, el que pone los dones recibidos al servicio de los demás. Todos los héroes humanos dignos de reconocimiento son, en mayor o menor medida, reflejos de Cristo a modo de “fragmentos astillados de la Luz verdadera” (J.R.R. Tolkien). Cristo es Rey de reyes, pero también Héroe de héroes. Todos los anteriores lo prefiguran y todos los posteriores lo evocan. Al héroe, consciente de su identidad y de su misión, se le mide por el reto que asume, las dificultades que encuentra, la envergadura del enemigo y el valor del premio que alcanza al derrotarlo. Cristo es singular entre todos los héroes y cualquier comparación queda destruida. Nunca el reto fue tan costoso, el enemigo tan temible, el sacrificio tan grande y el premio tan alto. Jesús conoce desde niño quién es y cuál es su misión: su identidad es ser el Rey del universo, para eso ha nacido, por eso cuando se ausenta aparece la nostalgia por el retorno del Rey. Su misión no es salvar a algunos, o a muchos, sino a todos. Sus enemigos, ante quienes los demás solo pueden obtener victorias parciales, son el Príncipe de este mundo, el pecado y la muerte, a quienes derrota sin violencia armado solamente con el fuego de su amor, el más grande de todos, el de quien llega al extremo y da la vida por los amigos. El precio, soportar el mayor mal siendo inocente y el mayor Bien. El premio, la Redención universal.

Segunda Guerra Mundial. Tras el desembarco en Normandía, un comando de ocho hombres liderado por el capitán Miller (Tom Hanks) recibe el encargo de adentrarse por territorio enemigo y localizar al soldado John Francis Ryan (Matt Damon), único superviviente de cuatro hermanos, para devolverlo a su hogar. Tras numerosas dificultades y perder a dos hombres logran encontrarlo, pero Ryan se niega a volver y prefiere quedarse junto a sus compañeros para intentar la última defensa de un puente estratégico. El capitán Miller y lo que queda de su equipo se unen a la defensa.

“Ryan: Son bombarderos antitanque, los P-51.
Miller: Ángeles de la guarda... Merézcaselo...
Ryan: ¿Qué, señor?
Miller: James... Hágase usted digno de esto. Merézcalo.
[Salto al presente, James F. Ryan, ante la tumba del capitán Miller, rodeado de su familia]
Ryan: Mi familia ha venido hoy conmigo, han querido acompañarme. A decir verdad, no sabía lo que sentiría al volver aquí. Todos los días recuerdo lo que usted me dijo en aquel puente. He intentado vivir mi vida lo mejor posible. Ojalá haya sido suficiente y, al menos antes sus ojos, haya sido digno y merecedor de cuanto se ha hecho por mí.
Sra. Ryan: ¿James? Capitán John H. Miller.
Ryan: Dime que he vivido dignamente.
Sra. Ryan: ¿Qué?
Ryan: Que soy una buena persona.
Sra. Ryan: Lo eres.”
 
 
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